La decisión
anunciada por la Comisión acerca de
la suspensión indefinida de sus
actividades, nos plantea a los
diferentes colectivos representantes
de las víctimas directas de la
dictadura una serie de cuestiones que
es preciso exponer a debate público y
que exigen una respuesta por parte del
gobierno.
1º.- La decisión
de crear esta comisión fue iniciativa
exclusiva del gobierno, que
primeramente afirmó que la comisión
se creaba para el resarcimiento moral
y jurídico a las víctimas del
franquismo, para posteriormente
corregirse y anunciar que sólo se
trataría de un resarcimiento moral.
La argumentación esgrimida para
eludir el resarcimiento jurídico era
la de que al ser la actual
Constitución hija de las estructuras
políticas de la dictadura no
consideraban que bajo esta
Constitución pudiesen alterarse las
condiciones jurídicas heredadas de la
dictadura ni alterarse sus
consecuencias sin por ello entrar a
reformar la misma Constitución, y por
tanto no podían verse abocados a
declarar parlamentariamente la nulidad
jurídica de todos las condenas y
sanciones realizadas por la dictadura.
Sin duda un argumento sumamente débil
y falto de criterio, pues una cosa no
contradice la otra sino que por el
contrario parece más bien exigirla
para así dar pie definitivo a un
sistema de libertades que puede
declararse legítimo realmente en
tanto en cuanto no debería nada al
franquismo y declare respecto a él
explícitamente su rechazo más
absoluto. En segundo lugar el gobierno
insinuó que el coste económico del
resarcimiento a las víctimas del la
dictadura podía ser excesivamente
oneroso para el actual Estado,
argumento del que es mejor no hablar
ya que se califica como muy miserable
por sí sólo. En ningún momento el
gobierno ha declarado que la
supresión brusca de las actividades
de la Comisión se deban a presiones
de los partidos defensores de la
dictadura franquista o de los
estamentos militares directa o
indirectamente involucrados en la
represión ejercida por el régimen en
el pasado.
No encontrando pues
ninguna razón suficiente para dar por
cerradas las actividades de la
Comisión sólo podemos lamentar esta
extraña decisión y declarar nuestra
clara decisión de seguir trabajando
de igual o aún más intensa manera
sin considerar los escasos trabajos
que esta Comisión diga haber
realizado. La verdad histórica ha
surgido de forma masiva en nuestra
sociedad y es una ola de exigencia
social, política y jurídica
imposible de detener. Si la Comisión
y el Gobierno desean participar en el
futuro inmediato de nuestras cada vez
más numerosas actividades sepan que
serán siempre bien recibidos ya que
su papel puede y debería ser decisivo
para la resolución de las
reivindicaciones jurídicas
pendientes, pero si desean actuar como
simples espectadores nos tememos que
se verán obligados a jugar un
difícil y casi imposible papel que
sin duda se verán obligados por la
fuerte presión social a reconsiderar
profundamente en un futuro muy
inmediato. Creemos que sería mejor
una adecuada continuidad que una
confusa serie de requiebros inconexos,
pero reconocemos que esta es cuestión
que sólo ellos deben resolver, la
sociedad y las asociaciones
representativas de la memoria
histórica de las víctimas de la
Dictadura la tenemos perfectamente
resulta como los hechos muestran cada
día con mayor intesidad.
2º.- Queremos
hacer notar que la manipulación
interesada del concepto de víctimas
de la Dictadura ha de recibir nuestro
más explícito rechazo y esperamos
que en poco tiempo el de toda la
sociedad. No se está discutiendo de
un colectivo singular limitado a
quienes sufrieron directamente
cárcel, exilio, fusilamiento o
multas, palizas y pérdida de oficio o
profesión, sino de una sociedad
entera que perdió con la dictadura
sus libertades, que perdió con la
dictadura su alto nivel cultural,
científico, profesional y laboral,
que perdió con la dictadura sus
derechos civiles, su carácter laico y
civil, sus poderosas estructuras
ciudadanas y sobre todo la sangre y el
trabajo de sus hijos más inquietos,
activos y responsables.
Por todo ello nos
negamos a considerar que nuestra lucha
sea la de un colectivo ya por
desgracia pequeño para conseguir unas
pensiones u otras mejoras económicas,
que son de todo punto exigibles y
deben cumplimentarse, pero que no son
sino una ínfima parte de las
reivindicaciones que exigimos, los
afectados somos no un colectivo
singular sino la ciudadanía en pleno
de este país, la sociedad, somos
todos excepto los represores, los
torturadores y los criminales del
régimen franquista y es por ello que
exigimos un resarcimiento moral,
político y jurídico de toda la
sociedad española, catalana y vasca,
con la anulación por el Parlamento de
toda la legislación represiva del
franquismo, pero también con la
afirmación de los altos valores
cívicos de la República, con una
reforma educativa que inserte esos
valores y no otros ligeros y
discrecionales en nuestra juventud,
con una reforma judicial que elimine
de nuestra legislación todos los
vestigios aún demasiado presentes de
la legislación represiva del
franquismo, con una reforma
administrativa que ponga fin a la
presencia y exaltación del fascismo
aún aplastante en pueblos,
callejeros, monumentos, y otros
lugares, especialmente en el llamado
Valle de los Caídos que debería
convertirse en la Casa del horror del
franquismo para enseñanza de las
generaciones venideras, con una
reforma en general que permita exaltar
públicamente la dignidad, que nunca
pudo la dictadura suprimir, de quienes
defendieron los altos valores
democráticos de la República.
3º.- Exigimos por
otra parte que se ponga fin al penoso
empeño de numerosas autoridades e
incluso de dirigentes del partido
gobernante y de numerosos miembros de
la citada Comisión, de querer obviar
las trágicas consecuencias de la
dictadura reduciendo las posibles
polémicas al ámbito temporal de la
pasada guerra civil. La dictadura
duró desde julio del 36 hasta las
elecciones generales del 78,
incluyendo la acción represiva
criminal realizada por los militares
golpistas durante tres años de guerra
y treinta y siete de sometimiento
violento a la dictadura sin guerra.
Nos resulta indiferente que las
acciones represivas se realizasen en
uno u otro periodo, o en todo caso
consideraríamos por sentido común
muchísimo más graves las realizadas
una vez vencida la República que las
realizadas durante el periodo de
guerra, dada la extrema arbitrariedad,
la innecesaria crueldad y el
oportunismo sectario que esas primeras
representan. Nunca hubo dos bandos
más o menos parecidos, hubo un
régimen legal y un grupo de alzados
contra la legalidad que perpetuaron el
terror con palizas, detenciones,
prisiones, trabajos forzados y
fusilamientos durante cuarenta años.
De eso es de lo que estamos
discutiendo no de otra cosa cogida por
los pelos.
Exigimos por tanto
al actual gobierno que recapacite
sobre su inútil decisión ya que el
resultado sólo habrá de ser el
mismo, con o sin su participación y
lo único que marcarán diferencias
será la dignidad de quienes hayan
luchado por estos ideales hasta el
final en todo momento frente a la
incuria e insidia de quienes sólo los
enarbolan por causa de su utilidad
política circunstancial.
Dolores Cabra
Secretaria General de AGE