EL
EXILIO
Los
orígenes: de una sublevación militar a
una guerra civil
La guerra civil española fue la primera
explosión de la profunda crisis en la
que estaba inmersa Europa en los años
treinta y que conducirá a la Segunda
Guerra Mundial. Esto explica, en gran
parte el impacto que produjo en los
distintos sectores de la opinión pública
y entre los intelectuales, así como las
posturas tomadas por los gobiernos de
otros países que llevaron a una
internacionalización temprana del
conflicto.
Los niños fueron los primeros afectados
al estallar la guerra. Miles de hogares
se deshicieron al incorporarse los
padres al frente, tener que huir, sufrir
la cárcel o ser fusilados. El desamparo
de los menores se acentúo en las zonas
cercanas a los frentes por los
bombardeos, la escasez de alimentos y
las enfermedades derivadas de las malas
condiciones higiénicas.
Según Ramón Salas Larrazabal, en la
guerra murieron 138.030 niños, más de lo
que se podía prever en una situación de
paz, pero es que además la lógica caída
de la natalidad produjo 557.185
nacimientos menos de los esperados. Si
comparamos ambas cifras con las de
275.000 adultos que murieron de manera
violenta, podemos hacernos una idea de
cómo afecto la guerra a la demografía
infantil.
II.
Movimientos de población,
desplazamientos internos y evacuaciones
al extranjero
Las ofensivas del ejército de Franco
obligaron a continuos repliegues de las
tropas republicanas y de contingentes de
población civil a zonas todavía
controladas por el Gobierno de la
República. Las consecuencias de estos
movimientos de población las sufrieron
en mayor medida las mujeres y los hijos
de los combatientes.
Las sucesivas derrotas que a lo largo de
1937 tuvo el ejército republicano
condujeron a evacuaciones masivas de
niños procedentes de diferentes lugares
de España, tanto a la región
mediterránea de Levante y Cataluña como
el extranjero.
La caída del frente norte llevó al
Gobierno Autonómico vasco a organizar
una serie de expediciones de niños al
extranjero. Después hubo otra serie de
evacuaciones de menores procedentes de
distintas zonas de España. El país que
acogió a un mayor número de niños fue
Francia. Otros países fueron Inglaterra,
Rusia, México, Bélgica, Suiza y
Dinamarca.
III. Las
colonias escolares. Del éxodo al exilio
permanente. Los retornos.
En septiembre de 1937 había en España
564 colonias que acogían a 45.248 niños
y niñas. De éstas, 158 eran colonias
colectivas y 406 de régimen familiar.
Las colonias colectivas estaban
instaladas en edificios cedidos o
requisados a sus propietarios.
El contínuo avance del ejército de
Franco a lo largo de 1938 agravó el
problema de las evacuaciones. Muchas
colonias de Levante y Cataluña se
convirtieron en meros refugios donde el
hacinamiento de los niños impedía
desarrollar las labores asistencial y
educativa para las que habían sido
proyectadas.
Las evacuaciones de niños al extranjero
se concibieron con un carácter temporal.
Sin embargo esto no fue así en algunos
casos; muchos niños vivieron junto a sus
padres su condición de exiliados. En
otras ocasiones los propios padres se
mostraron reacios a que regresaran a la
"España de los vencedores". Hubo países
como Francia, Inglaterra o Bélgica que
facilitaron el retorno, pero no fue así
por parte de la URSS ni de México.
IV.
Evacuaciones de niños al extranjero
durante la guerra
Las ofensivas de los militares
sublevados en el Frente Norte, en
septiembre de 1936, provocaron la
primera evacuación de pequeños grupos de
niños hacia Francia. No obstante, las
primeras expediciones oficiales
organizadas datan de marzo de 1937. Una
primera expedición fue a la isla de
Oléron, otra condujo a 72 niños hacia la
Unión Soviética.
La evolución de la guerra en el Norte
aceleró el proceso de las expediciones
infantiles hacia Francia, Bélgica,
Inglaterra y la Unión Soviética; países
que acogieron el mayor número de niños.
Pequeños grupos fueron a Suiza, Holanda
y Dinamarca. Suecia y Noruega
sostuvieron colonias en Francia. Por
último, a México fueron los llamados
"Niños de Morelia".
Estas expediciones oficiales contaron
con el apoyo de distintas organizaciones
políticas, sindicales y humanitarias y
se concibieron con un carácter
provisional. La mayoría de los países
facilitaron la repatriación de los
menores excepto la Unión Soviética y
México con los que el régimen de Franco
no mantenía relaciones diplomáticas.
Durante la guerra fueron evacuados unos
30.000 niños. Se calcula que en junio de
1938 había en Francia unos 11.000
menores. El éxodo de principios de 1939
llevó al exilio a cerca de 70.000 niños.
La primera expedición infantil hacia
Francia tuvo lugar el 20 de marzo de
1937. Organizada por el Gobierno Vasco
en colaboración con el Gobierno de la
República, condujo a 450 niños vascos,
entre cinco y doce años, a la colonia
llamada "Maison Heureuse" (Casa
Dichosa), situada en la isla de Oléron,
en la localidad de Boyardville.
Durante un mes los niños disfrutaron
alejados de la guerra. A partir del 21
de abril empezaron a ser desalojados.
Unos 300 fueron llevados a París. Los
restantes se encaminaron hacia Bélgica,
a la localidad de Oostduinkerke.
V.
Evacuaciones de niños al extranjero
durante la guerra: Bélgica
La llegada de niños españoles a Bélgica
fue precedida de una intensa campaña por
parte de los partidos y organizaciones
de la izquierda belga, en especial del
Partido Socialista Belga (POB-BWP) a
través de las Femmes Prévoyantes
Socialistes. El POB con el apoyo del
Partido Comunista y de otras
organizaciones políticas y sociales
creó, a finales de 1936, el Comité
National pour l' Hébergement des Enfants
Espagnols en Belgique (CNHEEB) en la
Casa del Pueblo de Bruselas, con objeto
de preparar las evacuaciones de la
población infantil.
La mayoría de los niños llegaron a
Bélgica después de pasar un tiempo en
distintas colonias de Francia. Las
expediciones masivas guardaron relación
directa con los éxodos provocados por el
avance de las tropas franquistas, así
entre marzo y septiembre de 1937 (caída
del Frente Norte) y enero-febrero de
1939 (caída del Frente Catalán). Entre
medias, pequeñas expediciones, la
primera de las cuales condujo a 25 niños
a Bélgica el 2 de diciembre de 1936. Se
estima que fueron acogidos en este país
un total de unos 5.000.
Una vez en Bélgica gran parte de estos
niños (unos 2.500) fueron confiados al
CNHEEB, que los trasladaba a diferentes
colonias socialistas situadas en la
costa, como el hogar Emile Vandervelde
en Oostduinkerke o el hogar Lys Rouge en
Heist sur Mer. Aquí los pequeños se
reponían durante unas semanas antes de
ser entregados a las familias de
adopción.
La población belga en general respondió
a las solicitudes de apadrinamiento de
los niños españoles y fue, junto con los
comités, los que contribuyeron a costear
la estancia de aquéllos en Bélgica. Hubo
varios tipos de apadrinamiento: por
tiempo limitado, por un periodo
ilimitado, en ambos casos mediante la
adopción, o bien contribuyendo de forma
total o parcial al mantenimiento de los
niños que permanecieron en las colonias.
La mayoría de las solicitudes de
adopción lo fueron por el tiempo que
durase la guerra o ilimitado.
Casi todos los niños que llegaron a
Bélgica en abril y mayo de 1937 fueron
acogidos por el POB-BWP y repartidos en
adopción entre familias socialistas,
pero hubo también otras instituciones
que se ocuparon de la acogida. En este
sentido, varias organizaciones y
familias católicas atendieron la llamada
que hizo el Cardenal Van Roey, Arzobispo
de Malinas, para apadrinar a niños
vascos. Fueron unos 1.200 los acogidos
por sectores católicos de la sociedad
belga. Además, otros organismos
acogieron en torno a 1.000 niños como la
Cruz Roja Belga, la sección belga del
Office Internationale pour l' Enfance,
Socorro Rojo Internacional, el Grupo
Español para la Defensa de la República
o, en el caso de los niños vascos, el
Departamento de Asistencia Social del
Gobierno de Euzkadi que colaboró con la
organización del Home Belgo-Basque de
Marchin-lez-Huy (Lieja).
Casi todos los niños acogidos por
organizaciones o familias católicas
fueron repatriados tras la caída del
Frente Norte. El resto empezó a ser
repatriado a partir de abril de 1939.
Los socialistas no quisieron tener
contacto con las autoridades franquistas
por lo que colaboraron en el
reagrupamiento de los niños, pero no en
su repatriación además, tras la
expedición de 5 de diciembre de 1939, el
CNHEEB se desentendió de aquélla, que
fue asumida por la Cruz Roja y por una
Comisión neutral para la repatriación de
los niños de España creada por el
Gobierno belga.
De los cerca de 5.000 niños acogidos en
Bélgica durante la guerra civil española
permanecieron en este país unos 1.300,
en régimen de adopción.
VI.
Evacuaciones de niños al extranjero
durante la guerra: Unión Soviética
La ayuda de Alemania e Italia a los
militares que se sublevaron el 18 de
julio de 1936 forzó a la Unión Soviética
a apoyar con armamento y asesores
políticos y militares al gobierno de la
República. Los bombardeos en el Frente
Norte, en la primavera de 1937, hizo que
el gobierno soviético ofreciera acoger a
niños españoles. De esta manera, se
organizaron cuatro expediciones que
llevaron a ese país cerca de 3.000
menores acompañados de educadores y
personal auxiliar. La primera expedición
partió del puerto de Valencia el 21 de
marzo de 1937 con 72 niños. Una segunda,
del puerto de Santurce (Bilbao), el 13
de junio de ese año, compuesta de 1.495
menores. La tercera , del puerto del
Musel (Gijón), el 24 de septiembre de
1937, con 1.100 niños y la última de
Barcelona a finales de octubre de 1938,
con 300 niños. Las edades oscilaban
entre 3 y 14 años y la mayoría procedían
del País Vasco, Asturias y Santander.
Los barcos que transportaron a los niños
de las cuatro expediciones arribaron al
puerto de Leningrado donde fueron
recibidos con muestras de cariño y
alegría por parte del pueblo ruso. Los
niños fueron alojados en las llamadas
"Casas Infantiles para Niños Españoles",
especialmente destinadas para ellos por
el gobierno soviético. Fueron un total
de 16 Casas, algunas ubicadas en
edificios que en otro tiempo había
ocupado la nobleza. En ellas los menores
estuvieron en régimen de internado al
cuidado de educadores y personal
auxiliar español y ruso. La mayor parte
de estos niños, ya adultos, consideran
el periodo que se extiende desde su
llegada a las Casas hasta el verano de
1941 como una de las etapas más felices
de su infancia o adolescencia. No les
faltó de nada salvo la presencia de los
padres.
Los días felices en las Casas de Niños
acabaron el 22 de junio de 1941 con el
ataque del ejército alemán a la Unión
Soviética en tres frentes de manera
simultánea, por el norte, cercando la
ciudad de Leningrado, por el centro
rompiendo la defensa hasta Moscú y por
el sur al ocupar Ucrania. En estos tres
frentes estaban situadas las Casa de
Niños que se vieron obligadas a una
rápida evacuación. Los niños que se
encontraban en las dos Casas de
Leningrado sufrieron los primeros meses
del bloqueo, durante el duro invierno de
1941-1942. En la primavera de 1942, el
gobierno ordenó la evacuación de esas
Casas a lugares más seguros. Una parte
de los jóvenes se incorporaron al
ejército rojo, otros ayudaron en tareas
de retaguardia y algunos perdieron la
vida en la que se consideró la "Gran
Guerra Patria".
Tras el final de la Segunda Guerra
Mundial, la URRS conoció unos años de
gran penuria que sufrieron los niños
españoles al igual que el pueblo
soviético. La mayoría de ellos fueron
regresando a Moscú desde las zonas a las
que habían sido evacuados durante 1944 y
1945. Los jóvenes comenzaron sus
estudios superiores o se pusieron a
trabajar, alojándose en albergues y
residencias, a la vez que iban creando
familias al casarse entre ellos o con
rusos. Aunque una gran parte residió en
Moscú, hubo otros que fueron destinados
a trabajar en distintos lugares de Rusia
e incluso a las ciudades más lejanas de
Siberia.
La llegada de Fidel Castro al poder en
Cuba, en 1959, provocó un cambio en las
relaciones con los Estados Unidos y un
acercamiento a los países europeos del
campo socialista, principalmente a la
extinta Unión Soviética, quienes le
brindaron su colaboración. Hay que tener
en cuenta que hasta ese momento no
existía un intercambio sostenido entre
esos países y los de habla hispana, de
ahí la necesidad que había de personas
que conocieran la lengua española para
facilitar la ayuda. En este sentido los
"Niños de la Guerra" españoles jugaron
un importante papel como traductores y
especialistas. Así, empezaron a llegar
desde mediados de 1961 y fue en Cuba
donde se les dio el apelativo de
hispano-soviéticos. Aunque su presencia
no fue muy elevada desde un punto de
vista cuantitativo (se calcula que en
total fueron unos 200) su aportación
revistió gran interés, pues ayudaron a
la consolidación de la Revolución en
unos primeros momentos en los que se
produjo un éxodo importante de
profesionales cubanos. También
contribuyeron a facilitar el
entendimiento y convivencia entre
cubanos y soviéticos. Para ellos Cuba
significó un acercamiento a sus raíces
por la lengua, el clima y la afinidad
cultural.
Los dirigentes del Partido Comunista
Español y el gobierno soviético se
preocuparon de que los niños no
perdieran sus raíces ni su identidad
nacional, aunque adquirieron la
ciudadanía soviética. La mayoría de
estos menores vivieron con la añoranza
de su país de origen y de los familiares
que habían dejado allí. El problema
estaba en que no había relaciones
diplomáticas oficiales entre el régimen
de Franco y la URSS.
El desencadenamiento de la Segunda
Guerra Mundial y la posterior Guerra
Fría entre los bloques impidieron el
retorno de esos jóvenes españoles a su
país. Las primeras expediciones
oficiales tuvieron lugar en 1956, tras
un acuerdo entre los gobiernos ruso y
español, con el concurso de la Cruz Roja
de ambos países. En este año y en 1957
regresaron a España cerca de la mitad de
los jóvenes, pero una parte de ellos
volvieron a la URRS al no poderse
adaptar a la vida de la sociedad
española de entonces.
Desde los años sesenta fueron viniendo a
España de manera individual. Tras la
caída del muro de Berlín y ante la
situación en la antigua Unión Soviética,
retornó una parte numerosa de los que
quedaban en Rusia, pero en la edad de la
jubilación, lo que hizo más difícil su
integración en la sociedad española.
VII.
México: Los niños de Morelia
Desde el inicio de la guerra civil,
México ayudó de diversas maneras al
gobierno de la República española. Una
de ellas fue acogiendo a los que se
llamaron "Niños de Morelia". El entonces
Presidente del país, General Lázaro
Cárdenas y su esposa Amalia mostraron
desde el primer momento un vivo cariño e
interés por los 451 niños que viajaron
en el Mexique desde Burdeos hasta
Veracruz, donde desembarcaron el 7 de
junio de 1937. Al día siguiente llegaron
a ciudad de México, siendo alojados en
la Escuela "Hijos del Ejército" nº 2. El
10 de junio una multitud de personas les
daban la bienvenida en Morelia, en el
estado de Michoacán.
Se les alojó en dos antiguos seminarios,
ahora transformados en colegios para
niños y niñas con el nombre de Escuela
Industrial "España-México". Aquí es
donde los niños empezaron a extrañar
verdaderamente a los padres y hermanos
que habían dejado en España. Las niñas
de mayor edad trataron de suplir estas
carencias en los más pequeños.
El primer director de la Escuela fue
Lamberto Moreno que fue destituido tras
la muerte accidental del niño Francisco
Nebot Satorres. Le sucedió Roberto Reyes
Pérez. Otros niños también murieron por
accidente o enfermedad y varios se
escaparon de la Escuela al no poder
adaptarse al régimen que había allí. El
Presidente Lázaro Cárdenas veía
regularmente a los niños y estos hacían
visitas a la ciudad de México en
periodos vacacionales. Algunos niños se
fueron a vivir con familiares o con
antiguos residentes de la colonia
española en México, otros fueron
llevados a escuelas en ciudad de México.
En 1940 terminó el sexenio de gobierno
del General Lázaro Cárdenas. En la
Escuela el nuevo director fue Diego
Hernández Topete. A partir de este
momento el apoyo oficial empezó a
disminuir. Con la ayuda de la antigua
colonia de españoles, un grupo de niñas
fueron llevadas al orfanato Divino
Pastor en Mixcoax y otro, al convento de
las Madres Trinitarias en Puebla. En
diciembre de 1943 concluyeron para los
"Niños de Morelia" las actividades en la
Escuela y los que quedaban en ella
fueron repartidos en varias
Casas-Hogares en ciudad de México.
Algunos de estos jóvenes regresaron a
España, pero el resto se quedó
definitivamente en México donde formaron
una familia. Aunque la mayoría de estos
niños conservaron un sentimiento de
gratitud hacia el General Lázaro
Cárdenas, el pueblo mexicano y los
españoles allí residentes, el deseo
unánime de todos ha sido y es "¡Qué no
haya más Niños de Morelia!".